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Archive for 21 octubre 2010

El mejoramiento de la condición femenina en Colombia es el fruto de la acción e iniciativa de mujeres -individualmente o en grupos- a partir de fines del siglo pasado. Desde entonces sus reivindicaciones han encontrado innumerables escollos y han sido acogidas con lentitud por los órganos del poder político y social. La Década de Naciones Unidas para la Mujer (1976-1985), con su impulso en proyectos y legitimidad, y la acción colectiva de grupos y movimientos femeninos han dado como resultado que hoy día exista una política específica destinada a la mujer y a superar su condición de discriminación, aprobada por el órgano máximo de política económica y social.

Ya en 1872 apareció en Bogotá el periódico “El Rocío” para defender los propósitos de la emancipación femenina. En 1914 María Rojas Tejeda organizó, en Antioquia, el Centro Cultural Femenino, y entre 1916 y 1918 publicó, en Pereira, la revista “Femeninas”, dedicada a los derechos de la mujer.

En 1927 cerca de 14 mil mujeres indígenas firmaron un manifiesto llamado “Los Derechos de la Mujer Indígena”. En 1929, un grupo de mujeres editó la revista “Letras y Encajes” y en 1930 se organizó el Centro de Cultura Femenina. Ese mismo año tuvo lugar en Bogotá el IV Congreso Internacional Femenino. En él participó como delegada colombiana Ofelia Uribe de Acosta, líder feminista, quien junto a Cleotilde de Ucrós había presentado al Congreso de la República un proyecto de ley sobre el “Régimen de Capitulaciones Matrimoniales”. La movilización y presencia de mujeres en el Congreso marcaron el principio de luchas específicas. No lograron entonces el derecho a voto, pero sí el ingreso a la universidad y a la administración pública. La actividad de grupos de mujeres se plasmó en conferencias y a través de los medios de comunicación: con “La Hora Feminista” -en una radio- y posteriormente la revista “Agitación Femenina” (1944-1946), que llamaba a las mujeres a preocuparse por la lectura, el estudio y el reconocimiento de sus derechos ciudadanos.

Esta actividad llevó a la constitución de la Unión Femenina Colombiana, que en 1944, junto a numerosas mujeres se dirigió al gobierno exigiendo la ciudadanía. En 1945 se sumó el Comité Socialista Femenino “Mercedes Abadía” de Moniquirá, agregando a la lucha la defensa del proletariado femenino. Ese año se llevaron a cabo dos congresos nacionales de mujeres.

En este período los grupos de mujeres tuvieron una abierta relación con sectores del partido liberal. Al retroceder el país en libertades políticas e iniciarse un tiempo de cuasiguerra civil, se redujo y posteriormente desapareció la acción pública femenina.

Tras la obtención del derecho a voto (1954), Ofelia Uribe fundó en Bogotá el semanario “Verdad”, que no sólo reivindicaba la situación de la mujer, sino que se oponía al dictador Rojas Pinilla, por lo que fue censurado y clausurado.

La derrota de la dictadura se llevó a cabo con la participación de mujeres, lo que dio lugar al ulterior surgimiento de asociaciones femeninas. En 1957 nació en Medellín la Unión de Ciudadanas de Colombia (UCC) destinada a propiciar los procesos de participación electoral. En 1959 fue creada la Unión de Mujeres Demócratas (UMD), de vertiente comunista, que se volcó al trabajo sindical, en especial con esposas de obreros para apoyar sus movimientos reivindicativos.

Durante el Frente Nacional (1957-1974) aparecieron asociaciones cívicas o de ayuda que no cuestionaban los roles femeninos tradicionales. Al impulso de un proceso de participación comunitaria se unieron variados grupos de mujeres, creció el trabajo voluntario en entidades estatales y nacieron instituciones asistenciales a las que se vincularon organizaciones femeninas. Se creó entonces la Asociación Colombiana de Trabajo Voluntario (ACOVOL) centrada en estratos de bajo ingresos. Otros grupos de mujeres se sumaron a los sectores sociales y políticos que luchaban contra la violencia estatal.

En la década de los 70 se dictó algunos decretos que mejoraron la situación jurídica de la mujer: en 1974 se suprimió la potestad marital, se estableció el ejercicio conjunto de la patria potestad y la obligación compartida para con los hijos en proporción a la capacidad económica de cada uno. En esta época empezaron a surgir nuevamente grupos feministas, influidos por las movilizaciones de Europa y Estados Unidos.

Al iniciarse los años 80 creció el movimiento social de mujeres, que ganó espacios expresando sus demandas a través de formas nuevas y creativas. La vida cotidiana y la acción política de las mujeres en una sociedad marcada por la violencia fueron los ejes de su reflexión. La dolorosa y desgarradora guerra vivida por Colombia, con la eliminación de líderes sociales y políticos y de ciudadanos/as comunes, obligó a ese movimiento a diseñar no sólo estrategias de protección sino también de denuncia y búsqueda de salidas civiles. Tomó entonces las calles, protestó contra la violencia en la casa y en el país, contra la guerra sucia, las masacres, los desaparecidos y planteó la urgencia de iniciar acuerdos de paz con los diferentes sectores en conflicto. Paralelamente a este proceso los gobiernos crearon algunos programas y políticas para la mujer.

En noviembre de 1986 el Frente de Mujeres Rompiendo el Silencio convocó en Cali a una marcha para “unir los miedos, el desespero, la angustia, y convertirlos en fuerza esperanzadora hacia el futuro”, bajo la consigna “No ser cómplices de la violencia”, en la que participaron miles de personas en silencio, con flores y trajes blancos.

Para la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (1990) se inscribió una lista de mujeres con dos candidatas: una de la Unión de Ciudadanas de Colombia y otra del movimiento feminista. Otras mujeres participaron en listas de partidos y organizaciones políticas. Pero de los setenta electos sólo cuatro fueron mujeres. No obstante, en el proceso de negociación y concertación de propuestas, los grupos femeninos contaron con el apoyo de algunas de las elegidas. Instalaron mesas de trabajo en diferentes regiones del país y realizaron acciones de cabildeo con los/as constituyentes para asegurar que su voz fuera incluida en la nueva Carta Política. Finalmente, ésta incorporó artículos que expresan la voluntad de la sociedad de incorporar a la mujer, entregando al Estado grandes responsabilidades, como garantizar la adecuada y efectiva participación de la mujer en los niveles decisorios de la administración pública (Art. 40). De hecho, en 1990, el gobierno había creado la Consejería para la Juventud, la Mujer y la Familia, dependiente de la Presidencia de la República, y en 1992 formuló una Política para la Mujer que establece compromisos para el mejoramiento de la condición femenina.

Por otra parte, el proceso político y social vivido por el país ha favorecido la generación de espacios de concertación. Las mujeres han creado redes nacionales y regionales que buscan nuevas formas de relación entre mujeres y varones, entre la sociedad civil y la sociedad política. Al mismo tiempo, pugnan por el cumplimiento del mandato de la nueva Constitución y las leyes que permitan su pleno funcionamiento.

 

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